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La lucha de una madre por tener un parto respetado en México, tras sufrir de endometriosis


Una lectora me envía su relato de parto, lo leí con una tensión en el estómago, con unas ascuas y con el sempiterno dolor y la eterna interrogante de ¿por qué tenemos que LUCHAR por tener un parto NORMAL? Queda tanto, tanto por hacer, por educar, por compartir para que el día de mañana nuestros hijos no tengan que pasar peripecias para poder parir como desean.

Y digo "como desean" porque creo que no es lo mismo una mujer que tiene una cesárea electiva y está contenta con ello, que una mujer que hace todo sin reservas y está enteramente dispuesta para tener un parto natural y acaba cayendo en la espiral de la intervención.

Me sorprendió tanto cuando empecé a leer y documentarme sobre parto, ver cómo el concepto de "parto normal" difiere tanto entre profesionales (el llamado "parto eutócico", incluye episiotomía, por ejemplo), y entre parturientas.

Sin más preámbulo, aquí les dejo la admirable y valiente historia de Hilda, una madre mexicana que luchó con uñas y dientes, tras una endometriosis por tener un parto respetado:

Todo pasó muy rápido, creo que para entenderlo mejor tengo que irme muy atrás. Llevaba años con mi ginecólogo y después de una serie de cólicos fuertes me diagnostica endometriosis, la noticia me tomó por sorpresa ya que venía acompañada de una operación para sacar un quiste que estaba pegado a mi ovario izquierdo. Resultado: una operación tipo cesarea, me abrieron casi 12 cm y me quitaron el ovario izquierdo junto con un quiste de 9 cm, así empieza todo.

Mi recuperación fue perfecta, pasaron 5 años y en ellos mi matrimonio y mi noticia de querer tener hijos,  lo intentamos un año, sin presiones pero también sin éxito alguno, mi ginecólogo valientemente se declara incompetente y me manda con quien es conocido como el gurú en el tema de endometriosis en México y sobre todo un “rockstar” que atiende en el Hospital Angeles de las Lomas, así es como llego ahí.

En mi primera consulta tenía sentimientos encontrados; emoción, ansiedad y miedo, si él es el gurú, lo que me diga será la ley y no quiero recibir malas noticias. Así fue como tuve mi primera consulta con quien llamaré mi “Rockstar”, una consulta de no más de 10 minutos (claro, atiende a dos parejas a la vez en dos consultorios conjuntos cada 20 minutos), platicamos brevemente y me mandó a hacer cualquier cantidad de análisis.  Regresé 15 días después con mi retahíla de estudios e inmediatamente me dijo que había que hacerme una laparoscopia, ya que tenía aun quiste muy cerca de mi ovario derecho y pues era el único que me quedaba

Dos consultas y ya estaba hospitalizada y con anestesia general, hoy me pregunto si era necesario. Todo salió perfecto, sin quiste y mi ovario intacto. El diagnostico ahora es esperar 6 meses para comenzar con un tratamiento a base de pastillas para ayudar al ovario a ovular. Era necesaria la estimulación del ovario ya que la endometriosis lo había alentado, ahí la razón del no poder embarazarme.

Pasaron los primeros 6 meses y empecé con las pastillas, revisiones mensuales para ver los folículos y finalmente 6 meses después una maravillosa noticia, ¡estaba embarazada! Eso era lo único que reinó mi mente durante los primeros 6 meses de mi embarazo, que todo estuviera bien, que mi bebé viniera bien y que todo fluyera perfectamente.

¿Sobre el parto?, pues ni idea, la verdad me tenía sin cuidado. ¿Cómo fue mi embarazo? Me atrevo a decir que casi perfecto, dos días de náuseas al principio y una semana de cansancio al final, un panza mínima y hermosa. Para mi todo era felicidad. 

Por ahí de la semana 30 llegó mi consulta habitual y mi obstetra "rockstar" me hace LA PREGUNTA, ¿quieres cesárea? A lo que yo con mi felicidad conteste, claro. Mi argumento era muy fácil, ya me habían abierto tipo cesárea para sacarme un ovario, que más da si me vuelven a abrir, así mi nivel de ignorancia. Mi rockstar, simplemente sonrió.

Esa misma semana tuve una cena con mis amigas de la universidad entre ellas Ximena, quien me escuchó durante una hora hablar de lo maravilloso de mi embarazo, de mis clases de Yoga a las que no faltaba nunca, de mis meditaciones y claro, de mi maravillosa cesárea. Muy discretamente me empezó a interrogar y al recibir mis respuestas iba cambiando su semblante, no aguantó mucho para empezar a explicarme la importancia de un parto, para mi y para mi bebé, a explicarme sobre el parto natural y por supuesto yo simplemente escuchaba sorprendida (de dónde venía tanto conocimiento), cerró platicándome sobre su parto humanizado en su casa, no podía creer lo que escuchaba. Sembró una semilla en mi.

Para la semana 34 tuve mi siguiente consulta, llegué con mi rockstar muy segura de mi misma a decirle, “doctor, lo he pensado bien y quiero un parto natural” a lo que el contestó; “claro, sin problema”. No lo podía creer, ¿así de fácil? Salí felíz de la vida y emocionada por que iba a tener un parto natural.

Le hablé a Ximena para platicarle ese notición y por supuesto lo único que me dijo fue “tenemos que hablar, ven a mi casa”.  Llegué muy emocionada, para platicarle mi gran logro, empezó muy tranquila a explicarme el por qué no se llevan a cabo partos naturales en hospitales en México, empezó a hablar de estadísticas, de la cantidad de cesáreas innecesarias, de los argumentos que usan los doctores, de la importancia de empezar a amamantar desde que nace, (ahí otro descubrimiento: la lactancia), del alojamiento conjunto casi imposible de lograr en esos hospitales, así una cosa tras otra, tras otra, tras otra. Me dio una relación de libros para leer y me fui de su casa, confusa, ansiosa y sobre todo con mil dudas.

Me hice en un día de 6 libros, Laura Gutman y Carlos González, literalmente me los devoré, ahora estaba peor, siempre he dicho que la información es muy poderosa y ahora yo tenía ese poder y no sabía que hacer con el. Actué inmediatamente, lo primero que hice fue verme con Paty, (recomendada por Ximena) quien sería mi doula en el parto, así lo había ya decidido. También tuve cita con varios pediatras hasta que di con Horacio quien me explicó como lleva a cabo el intento de amamantar desde el momento que nace el bebé y como está a favor de la lactancia y el parto humanizado, estaba avanzando y felíz con ambas decisiones.

Ahora el momento de la verdad llegó, mi siguiente consulta semana 36 y con ella una lista de mil preguntas para hacerle a mi gineco-obstetra, tenía que hacerlas rápido, atiende una cantidad impresionante de personas por hora.  Me recibió como siempre, con una sonrisa y apurado, empecé una por una; ¿puede entrar mi doula al parto? ¿cuántos partos hace al mes doctor? ¿cuánto tiempo le dedica la parto? ¿hace episiotomía siempre?, y así como fui avanzando se le fue quitando la cara de felicidad, contestó todas parcamente, apenas con silabas y al final una oración contundente, “todo eso se decide el día que nazca tu bebé, ahorita no es necesario planear nada”, se me paró el corazón… este tipo me iba a hacer una cesárea.

Salí del consultorio apanicada, mi esposo vió mi cara y me dijo “¿qué vamos a hacer?”, respondí. “no sé”.  Esa noche no pude dormir, tenía un hoyo en el estomago. Quería que amaneciera para empezar a hacer llamadas, me urgía que alguien me ayudara, llegó la mañana y con ella una idea descabellada para mi, a 36 semanas de mi embarazo iba a cambiar de ginecólogo.

Hablé con Ximena y con mi doula, cada una me dio entre una y dos opciones de doctores que respetan el parto, que luchan contigo por un parto natural, no habían dado las 11:00am de ese día cuando tenía 3 citas programadas para la siguiente semana, estaba felíz.

Inicia mi semana 37 y con ella la ansiedad y emoción de saber que mis probabilidades de tener un parto natural subían al cambiar de doctor. Hablé al hospital para pedir un reembolso de la cantidad que había adelantado para mi parto, tenía que ir esa semana a firmarlo. No estaba segura si iba a pasar a avisarle a mi rockstar que ya no sería el quien traería a mi bebé al mundo.

Aquí todo da un giro de 180 grados, bien dice el dicho que el hombre propone y Dios dispone, ese Lunes a las 21:00hrs tuve un pequeño sangrado acompañado de liquido, entré en pánico, le hablé a mi rockstar que por supuesto no contesta en las noches y me atendió su doctora asistente. Me dijo, “vente al hospital”, agarré mi coche y me fui manejando desde el sur de la ciudad hasta el Hospital Angeles de las Lomas, por mi mente pasaron miles de cosas, solo rezaba para que todo estuviera bien, todavía faltaba tiempo para que naciera mi bebé, no entendía qué pasaba.

Llegué al hospital y mi esposo ya me esperaba, prácticamente corrí al área de labor, me recibió la doctora asistente de mi obstetra, por supuesto vió mi cara de pánico por que no entendía qué pasaba y con una sonrisa me dijo; “no te preocupes se te rompió la fuente, tú y tu bebé están perfectas”.


El tema del “suerito” es muy sencillo, te administran oxitocina que acelera las contracciones para que en 5 horas se haga la labor de parto que se podría hacer hasta en 24 horas (depende de cada mujer), estas contracciones son más fuertes y no todos los bebes las aguantan, lo que lleva a un sufrimiento fetal que termina en una cesárea, ¿les suena conocido?.

Esperé por 30 minutos en la sala, no tengo idea qué hacía pero regresó diciéndome; “dice que te vayas a tu cuarto y que mañana se ven a las 06:00am”.  Así llegué a mi cuarto, en paralelo hablé a mi doula quién me contestó con una noticia que no me esperaba, estaba en el aeropuerto a punto de tomar un vuelo a Canadá, ¿y ahora que iba yo a hacer? Pues se tomó la paciencia para platicar conmigo y con mi esposo por casi 60 minutos explicándonos todo lo que podía suceder y lo que debíamos hacer, yo no paraba en preguntas, estaba emocionada, nerviosa, ansiosa y después de su noticia me sentí un poco sola.

Pasé una excelente noche, las enfermeras no entraron a mi habitación en ningún momento hasta las 06:00 am que entró una con un suero y con toda la intención de canalizarme a lo que amablemente contesté: “no sé para que sea el suero, pero no lo necesito gracias”, me dijo que eran instrucciones de mi doctor y le pedí que le hablara para que él me explicara que estaba sucediendo.

Llegó otro de los asistentes de mi rockstar a decirme que ya me iban a canalizar para subirme a la sala de labor, a lo que de nuevo contesté “no tengo idea de para qué, si mis contracciones aún están muy separadas, ¿quieren adelantarme el parto? Por qué si es así están perdiendo su tiempo, como lo dije en un principio quiero que todo sea lo más natural posible”.

Me indicaron que tenía que subir a la sala de partos porque ahí me esperaba mi ginecólogo, les dije que estaba perfecto, que ahí hablaría con él entonces.  Llegué al cuarto y a los 5 minutos se apareció diciendo: “¿Qué no te dejas poner suero?” a lo que le contesté: “No, lo que no me dejo es adelantar mi parto”. Y su respuesta fue: “Pues no estamos adelantando nada, ya llevas casi 12 horas con la fuente rota y tu bebé corre peligro”, mi respuesta fue: “tengo entendido que la fuente se regenera con liquidos y que si me administra un antibiótico puedo seguir mi labor de parto perfectamente”.

No puedo explicar su cara, obvio estaba como siempre acompañado de un séquito de doctores residentes que siempre lo siguen, me dijo que estaba atentando contra la vida de mi bebé y que era una tontería lo que estaba haciendo, que él como doctor no aprobaba lo que yo estaba haciendo y que si quería seguir así, lo iba a hacer bajo mi responsabilidad, que tendría que firmar una carta en dónde yo me responsabilizaba de cualquier cosa que le pasara a mi bebé. ¿Pueden creer eso?, de cualquier manera hasta dónde tengo entendido mi bebé siempre fue responsabilidad mía, así que sin más ni mas le dije: “Claro, tráigame la carta y la firmo y si ya vamos a hacer así las cosas, le pido que me baje de nuevo a mi cuarto por que esta sala de labor es espantosa y no quiero estar aquí, quiero meterme a bañar, caminar, ver TV, lo que sea necesario”. Volteó de manera irónica y dijo, “háganle caso a la doctora”.

Me llevaron a mi habitación, la doctora asistente de mi rockstar fue a revisarme a la hora y media y me dijo: “que consentidita te tienen, hasta en tu cuarto estás”, la verdad es que no estaba de humor para contestar a su comentario.

Pasaron las horas, aumentaron las contracciones, caminé, comí, vi TV, me bañe varias veces para que el calor disminuyera el dolor, se aparecieron dos veces los asistentes de mi doctor para ver como iba, me llevaron un monitor para estar revisando mi ritmo cardiaco y el de mi bebé…todo impecable.

Ocho horas después ya tenía las contracciones más seguidas y el dolor comenzaba a hacerse fuerte, hablé con mi esposo y le dije que le hablaran a mi rockstar, que ya quería subirme a la sala de labor para continuar ahí. Así fue, me subieron y de nuevo intentaron canalizarme, a lo que respondí ya con un muy mal humor (sobre todo considerando que ya llevaba 6cm de dilatación y estaba perfecta), que no lo permitiría.

Así siguieron pasando los minutos, los dolores comenzaron a ser insoportables, hice uso de todas las técnicas que aprendí y conocía, la yoga fue mi gran compañera así como mis meditaciones, sin embargo jamás recibí el apoyo de nadie ahí, nunca un doctor se acercó para ver si necesitaba algo, nunca una enfermera para darme algún consejo, para ayudarme en algo, para ofrecerme agua, nada. Estaba yo sola con mi esposo que por supuesto hizo todo lo que estaba en sus manos, me dio masaje, me apoyo, me consoló pero llegó un momento en el que ya no pude más, mi mente ya no estaba lúcida y necesitaba algún tipo de guía para continuar, así que después de un desmayo por el dolor le dije a mi esposo que pidiera la epidural, ya no podía más.

El anestesiólogo llegó 40 minutos después, fueron los 40 minutos más largos de mi vida, ya estaba con 8 cm de dilatación pero el dolor no me permitía continuar. Me colocaron la epidural y respiré de nuevo, estaba contenta por haber logrado estar en ese momento y decidí que las cosas tenían que ser así por algo.

Pedí que contactaran a mi pediatra desde antes, tenía un plan con él para darle de amamantar a mi bebé en cuanto naciera, así que eso me tenía muy motivada. Pasaron los minutos y al cabo de unos momentos mi rockstar me dijo: “ya estás listas vamos a la sala”. Que emoción, estaba felíz, muuuuy cansada pero felíz. Llegué y le pregunté si me iba a ser episiotomía, contestó que si que iba a ser muy chiquita y me comenzó a explicar por qué había que hacera, estaba ya muy cansada para discutir.

Después de dos pujos mi bebé nació, estaba con el cordón umblical como bufanda en el cuello, el doctor lo desenredó en un segundo y todo estaba perfecto.

Pregunté por mi pediatra y me contestaron que aún no llegaba, (después me enteré que le hablaron muy tarde) así que recibió a mi bebé la encargada de los cuneros que por supuesto solo checó que estuviera bien e hizo los procedimientos de siempre, no puse objeción alguna sólo quería que mi bebé estuviera perfecta.

Siempre tuve muy claro que mi bebé no podría estar sola después de que naciera ni un minuto, así que como yo tuve que ir una hora a recuperación por la episiotomía, mi esposo era el encargado de irse con ella a los cuneros en dónde la pondrían en una camita para regular su temperatura.  Por supuesto que cuando llegó ahí mi esposo muy amablemente lo invitaron a retirarse, cosa que el no aceptó. Llegó el encargado con el otro encargado, con el asistente, con el de seguridad y no hubo poder humano que lo sacara de ahí, se rindieron y terminaron por acercarle una silla para que se sentara, acompaño a nuestra bebé con palabras y música que escuchaba cuando estaba en mi vientre, nunca lloró.

Una hora exacta después pedí que me llevaran a mi cuarto, así lo hicieron, cinco minutos después llegó mi esposo con mi bebé. Comencé a amamantar, se pegó perfecto, era la recompensa por todo lo pasado.

Finalmente y no menos importante tuve que firmar otra carta para responsabilizarme por el alojamiento conjunto que pedí, la enfermera que me llevó los papeles parecía molesta con mi decisión, la verdad no entendí por qué, sólo aclaró: “usted es responsable de su hija, nosotros sólo podemos venir si tiene alguna emergencia” a lo que amablemente contesté “gracias, para mi todo es una emergencia, le hablo en un rato para que venga”.

Esa noche dormí abrazando a mi bebé, fue hermoso. Sólo me queda el recuerdo de una lucha ganada, de un saber que el parto fue mío a pesar de no haberlo llevado a cabo natural como lo deseaba, pero fue mío, participé, tomé decisiones y me responsabilicé de él. Es por ello que me interesaba compartir mi historia, ya que creo que nadie es culpable de este tipo de situaciones más que nosotras, que no nos informamos, que por comodidad no participamos. Es básico que tengamos un plan en la mente de lo que queremos y que busquemos todas las herramientas posibles para llevarlo a cabo, porque nadie lo hará por nosotras.

Hoy después de 3 meses de nacida mi bebé, estoy felíz con todas las decisiones tomadas, estamos en un periodo de lactancia que fue duro al principio pero que hoy es maravilloso, practicamos el colecho. Leo y me informo todos los días para poder llevar a cabo una crianza con apego, una crianza que solo yo y mi pareja podemos decidir como llevar a cabo en bien de nuestra bebé.

¿Y ustedes? ¿Tuvieron que luchar tanto a cada paso durante la preparación y el parto en sí? Si tuvieras que hacerlo de nuevo, ¿cómo lo harías esta vez?

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2 opiniones:

Mamama - portabebés naturales dijo...

MARAVILLOSO!!! con unos 10 partos de esos en un mes tu crees q a los doctores les quedarían ganas de seguir haciendonos la lucha?!! pues la solucion como siempre esta en nuestra manos!
gracias por publicar tan bella historia.

Hilda Arjona dijo...

Aclarando un punto: El tema del “suerito” es muy sencillo, te administran oxitocina que acelera las contracciones para que en 5 horas se haga la labor de parto que se podría hacer hasta en 24 horas (depende de cada mujer), estas contracciones son más fuertes y no todos los bebes las aguantan, lo que lleva a un sufrimiento fetal que termina en una cesárea, ¿les suena conocido?.

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