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Reflexiones sobre crianza respetuosa y conflictos


Hoy una mamá nos ha preguntado lo siguiente en nuestra página de Facebook:

"¿Alguien sabe qué hacer para que su hijo no pegue y no monte el numerito cada vez que tiene que hacer algo que no le apetece? A veces se pone imposible y nos desespera... Gracias."

No respondí en el momento, pero me quedó dando vueltas en la cabeza la frase... Creo que lo primero que percibo al leer "y no monte el numerito", con todo respeto, es la percepción de un hijo en posición contraria o digámoslo de otra manera: como enemigo. Por otra parte percibo una sensación de vergüenza o cuando menos de incomodidad en cuanto a la expresión de disconformidad del niño hacia lo que se le esté pidiendo hacer - en este caso el "numerito".

Lo comprendo y creo que a todos nos pasa en algún momento. Sin embargo, lo que suele funcionar la mayoría de las veces es ponerse en el lugar del niño y ser flexibles dentro de lo razonable. Creo fielmente que un niño trata a los demás, como él es tratado y también que cuando tiene comportamientos indeseados, como por ejemplo golpear a los demás, lo hace por llamar la atención. Cuando hablo de llamar la atención, obviamente no le doy en lo absoluto la connotación peyorativa que suele otorgarle la sociedad. Es decir: todo lo contrario a "pero si está llorando sólo por llamar la atención, no le hagas caso que no tiene nada".

Pues no, no podemos decir "sólo" por llamar la atención. Los niños se nutren, tanto a nivel espiritual, como emocional y físico precisamente de nuestra atención. Sin atención los niños mueren, así de simple. La necesidad de atención, es un mecanismo de superviviencia que nos ha permitido llegar hasta aquí como especie, como bien lo explica Carlos González en nuestro artículo ¿Por qué los niños piden brazos?

La matrona que nos dio uno de los cursos de preparación al parto que tomé, nos comentó acerca de un estudio realizado en dos orfanatos en China (perdonen que no disponga de bibliografía al respecto, si alguien la conoce, por favor dejen un enlace en los comentarios), en el que se comentaban, que en uno, cogían en brazos a los bebés, los miraban y los mimaban (intuyo que dentro de lo factible en una institución), y en el otro, sólo atendían sus necesidades básicas (aquellas que la sociedad considera como válidas, es decir: alimentarlos, asearlos, dormirlos y poco más - aunque seamos sinceros: sabemos muy bien que la atención, el apego y los mimos son igual o más necesarios incluso). En fin, la conclusión de aquel estudio, según nos comentó esta comadrona, era la observación de que la tasa de morbi-mortalidad era mucho mayor en el centro que sólo cubría las necesidades - mejor llamémoslas físicas (aunque tampoco me encaja del todo este término) de los niños en comparación con el que daba además miradas, mimos y atención.

Existe además otro estudio, esta vez canadiense, que afirma que los bebés de 6 meses que son ignorados por tan solo 2 minutos experimentan altos niveles de estrés. Realmente nos necesitan, es una necesidad legítima. Los niveles de cortisol aumentan en sangre ante la falta de atención momentánea de la madre, e incluso 24 horas después, el niño continúa con el temor de que esto se vuelva a repetir.

Laura Gutman también hace comentarios interesantes al respecto en sus videos ¿Por qué mi bebé llora? Habla de las necesidades auténticas de contacto permanente, atención permanente, cuerpo permanente, etc.

Entonces, el niño que no recibe la atención que siente que merece y necesita, hará lo que sea por "caer en dentro del radar" de la mirada materna, esto implica golpear a los demás, enfermarse, llorar, deprimirse y un largo etcétera. Comento esto, porque creo que lo más sano es intentar afrontar las cosas desde la raíz, desglosar honestamente el problema y llegar al fondo. A mi parecer, y pido disculpas de antemano a la lectora que ha escrito esta consulta, en caso de estar malinterpretando, el problema aquí no es que el niño pegue, ni que no haga caso, ni que "monte el numerito", ni que se ponga "imposible". El problema, en mi opinión es saber por qué lo hace.

Muchas veces ayuda anticiparnos a sus necesidades, intentar pillar las señales tempranas de disgusto en el niño, por ejemplo cuando comienza a tener sueño, pero aún no se ha puesto a llorar, ni hiperactivo, sino que simplemente tiene cara de sueño, reconducir las actividades que estemos haciendo en función de las necesidades que manifiesta su cuerpo. Un niño con sueño, pero que no ha llegado a irritarse, en mi experiencia, se duerme (esto contaría como hacer lo que "queremos" que haga en el momento, en este caso dormirse) con mucha más facilidad y mejor gana, que si dejamos que "pase" este momento, continuamos con lo que estemos haciendo, por ejemplo alguna tarea del hogar, o la compra, mientras su enojo e inconformidad crece exponencialmente hasta llegar a hacer una pataleta. El niño que está en medio de la rabieta, creo yo, es mucho más difícil de reconducir con un "cariño, estás cansadito, tienes cara de sueño, ven que te pongo en la mochila para que duermas mientras termino la compra", o "vamos a ponernos la piyama, hijo, que te ves cansado".

Si pillamos las señales tempranas, muchas veces el niño acepta de buena gana, en cambio, cuando ya se han sobrepasado los límites de su paciencia, toca calmar el berrinche, respirar hondo, y esperar que vuelva a bajar la marea para poder negociar y explicar - muchas veces con llanto de por medio.

Otro aspecto interesante que veo en el comentario, y que me gustaría elaborar un poco más es el de "hacer algo que no le apetece". Creo que aquí lo más sano y pacífico, tanto para respetar a los hijos, sus preferencias y necesidades como para mantener la cordura de los padres, es tener un poco de perspectiva. Después de todo, queremos enseñarle a nuestros hijos a ser ellos mismos, ¿no?, a tener voz, a saber expresar con claridad sus preferencias, ¿cierto?, pues entonces es una reacción sana que ellos expresen inconformidad cuando les proponemos hacer algo que no sea de su agrado, ¿no creen?

Por el lado de los padres, digo jocosamente "mantener la cordura" porque somos humanos, y obviamente cuando estamos agotados y el niño "nos lleva la contraria" muchas veces nos enojamos. ¿Pero por qué nos enojamos? ¿Quién es el verdadero "culpable" aquí? ¿Es acaso el niño que expresa sana y honestamente sus preferencias? ¿O será más bien la expectativa que tenemos de que el niño obedezca sin rechistar a lo que estamos pidiendo que haga? ¿O será en parte (o gran parte) también el cansancio que llevamos acumulado, o tal vez el estrés tras un "mal día"?

Comento esto por lo siguiente: Aquí parece que estuviéramos describiendo un vaso casi lleno, en cuyo interior cae la gota que lo colma y derrama. ¿Acaso la culpa la tiene la gota? ¿Por qué habría de pagar los platos rotos? ¿No sería más justo intentar vaciar poco a poco cada día el vaso para que no se llene y derrame por cualquier gotita?

Sigamos desglosando: ¿Tiene sentido esperar de un hijo que obedezca sin rechistar? ¿No preferiríamos un hijo que es él mismo, que sabe expresar sus preferencias y negarse a algo que no le agrada? Y es aquí donde entran la perspectiva y la flexibilidad. 

Cuando hablo de perspectiva, me refiero a mirar cuánta importancia tiene el conflicto que está presentándose, por ejemplo, si el niño se rehusa a ponerse la chaqueta estando dentro de la casa en pleno invierno, con la calefacción en 25º, el niño está honrando lo que le dicta su cuerpo - que probablemente está calentito y que no entiende que fuera hace frío, sino que sabe que si se pone una chaqueta de plumón estando calentito, va a sudar. En ese momento, ante la insistencia de la madre de ponerse la chaqueta, el niño se encuentra ante la disyuntiva de si creer en las señales que le dan su cuerpo (uff, tengo calor, ni loco me pongo algo que me caliente más), o lo que le está diciendo su mamá (que sí se ponga algo que le dé más calor). Sabemos que mamá lo dice porque fuera hace frío, pero esto no lo sabe el niño.

Perspectiva y flexibilidad: ¿Qué tiene de malo que el niño saque un brazo por la ventana y sienta que fuera hace mucho frío? Así entendería y probablemente se la deje poner, ¿no creen? ¿Qué tendría de malo aceptar - que es una propuesta razonable - ponerle el abrigo luego de dar un paso fuera del edificio? En esa situación, las señales de su cuerpo y el pedido de mamá estarán alineadas. Ya no habrá conflicto. Por pasar 10 segundos fuera, dudo que se enferme (siendo un niño sano, obviamente), y les aseguro que a la próxima - al menos esa ha sido mi experiencia - cuando le digan "hijo, ponte la chaqueta que vamos saliendo y hace frío fuera", bastará con recordarle que la otra vez salimos y él pudo comprobarlo para que acepte.

Con esto quiero decir que a veces no tiene nada de malo complacer al niño en sus pedidos, para evitar un enojo. Otro situación sería el posible conflicto que suele presentarse antes de marcharnos del parque por ejemplo. Si no tenemos ninguna urgencia que atender, ¿qué más da quedarse 10 minutos más y que el niño se vaya de buena gana? ¿No es mejor eso antes que llevárselo a la fuerza pataleando y llorando a todo pulmón? Volvemos a la anticipación: en caso de tener necesariamente que llegar a casa a las 8pm, por ejemplo, y sabiendo que requeriremos de al menos 30 minutos de negociación, podemos comenzar a decirle calmadamente al niño que nos marcharemos en un ratito, pero no diciendo esto ya a las 8pm con presión y estrés, sino anticipándonos e iniciando el proceso con suficiente antelación, por ejemplo a las 7:30pm.

"Montar el numerito" a mi parecer denota la percepción de que el niño demuestra una actitud de resistencia ante los pedidos maternos, por manipular, o a propósito con la intención de hacernos sentir mal. Carlos González, hace una preciosa reflexión acerca de por qué los niños nos manipulan, y propone eliminar la connotación peyorativa que hace la sociedad en cuanto a la manipulación proveniente de los niños. Como dice Laura Gutman: "Nadie pide lo que no necesita".

Cuando lo que pedimos al niño es por ejemplo, la colaboración en las tareas domésticas, Laura Gutman hace otra reflexión a mi parecer muy atinada en este aspecto:

Lo interesante es que todas las tareas domésticas son sencillas y hasta placenteras en sí mismas, pero el verdadero problema pasa por el valor que les otorgamos. Para las mujeres, es obvio que están teñidas de sometimiento y oscurantismo. Por lo tanto, raramente vamos a vivirlas como liberadoras -aunque despojadas de interpretaciones históricas- sean positivas y estén al servicio de las personas, incluidas nosotras mismas.
También tenemos que admitir que los varones no terminan de asumir que las tareas del hogar son dominio de todos nosotros y nos competen a todos los adultos por igual.

Por lo tanto, desde el hastío y la sensación de injusticia, transmitimos a nuestros hijos que las tareas del hogar son una obligación nefasta y que ya no encontramos allí identidad ni beneficio alguno. Frecuentemente “ordenar el cuarto” es una orden dirigida a los niños como castigo. Raramente “ordenamos juntos como parte del juego compartido”. Cuando pedimos colaboración a los niños, solemos estar ya enfadas, cansadas, sin paciencia y pretendiendo que ellos se hagan cargo de esa tarea “tan horrible” que nadie más quiere asumir.
...
No es fácil ordenar los estantes, hacer las compras, llenar las alacenas, barrer, lavar o planchar la ropa con los niños dando vueltas alrededor, si creemos que esas tareas nos conducen nuevamente a  un pasado aterrador y si lo hacemos velozmente y con hastío tratando en vano que los niños no nos molesten demasiado. Pero si pudiéramos detenernos y pensar qué tareas hogareñas podemos hacer con los niños, juntos, mientras conversamos o jugamos, veremos que algunas de ellas –no todas- son posibles. Va a depender de la edad de los niños, por supuesto. Y del tiempo que tengamos disponible, que ya sabemos, es muy escaso.
 Y aquí toca un tema que a mí me gusta mucho, y es el de ceder emocionalmente, y abrir campo al niño para hacer las cosas juntos. No es lo mismo - desde la verticalidad - decir al niño con voz enfadada: "ve a ordenar tu cuarto ahora mismo que no soporto este desorden" - presentándolo como un castigo o actividad tediosa, la cual obviamente rechazará - que decirle "ven hijo, vamos a recoger esto juntos y luego vamos al parque", haciéndolo juntos y disfrutando mientras compartimos la misma actividad, presentándola como algo divertido, o neutro en lugar de tedioso. ¿No les parece que la horizontalidad puede dar en algunos casos mejores resultados? Seguro que en esas circunstancias aceptará encantado hacer lo que estamos pidiendo.

¿Y tú qué opinas? ¿Tu hijo también tiene momentos en los que no hace lo que pides? ¿Habías mirado esta "desobediencia" desde la perspectiva de la fidelidad hacia lo que él siente? ¿Cómo le das la vuelta a estas situaciones conflictivas?

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13 opiniones:

Cayetana Saiz dijo...

Louma, genial como siempre... Por cierto, ahora que leo lo de Laura Gutman. El otro día estuve viendo los vídeos y el segundo vídeo (la parte 2) está bloqueado aquí en España. ¿Hay otra forma para poder verlo?

Saludos

Anónimo dijo...

Gracias por esto! Creo que explicaste unos aspectos fundamentales de la crianza respetuosa en una manera muy comprensible. Pensar asi me ayuda a mantener "perspectiva" cuando mi hijo y yo no comunicamos bien.

Maternarte dijo...

Totalmente de acuerdo. Coincido con vos. Más que "llamar la atención", yo diría "pedir atención". Los niños nos piden atención si sienten que les falta, como nos piden comida cuando tienen hambre o agua cuando tienen sed. Pasa que son chiquitos y a veces no saben cómo pedirlo, entonces lloran y hacen berrinches. Por qué les vamos a pedir a ellos que actúen "como adultos", si no lo son? si a veces hasta los adultos actúan así, "a los gritos", sin reconocer que están cansados o preocupados? Respecto a las tareas del hogar, me gustó el punto de vista, si nuestros hijos ven que nosotras renegamos de las actividades de la casa, porque las vemos como sometimiento, eso aprenderán ellos. Mi hijo aún es muy pequeño, pero apenas se empiece a dar, lo empezará a aplicar de esa manera: como un trabajo que podemos hacer "en equipo" para tener "nuestra" casa bonita y limpia. Siempre es un gusto leer tu blog!!

Yanny Ruiz dijo...

Tambien tuve esa percepción. En mi concepto, denota la falta de atencion de madre a hijo. Y el pequeño despues de buscar muchas formas de comunicarse con su madre, llego a este punto "montar numeritos" para que le atendieran sus necesidades infantiles.
Que buen articulo comparten el dia de hoy.

MaGia dEL mOmENtO dijo...

Totalmente de acuerdo con todo lo que expones. Es la forma en la que yo quiero criar a mi hijo. Mi nené tiene 6 meses, por lo que aún no me he visto en situación de "rabietas". Quiero pensar que cuando llegue el momento voy a ser capaz de explicarle las cosas, de empatizar con el, de respetarle... ¡Aunque por lo que estoy viendo es más facil decirlo que hacerlo!
Ya te contaré en unos meses ;-)

Alicia dijo...

Gracias por tus reflexiones.
Un abrazo.

Caro dijo...

Creo que tu análisis es correcto, siempre la búsqueda de atención de los niños es vista de forma peyorativa, en vez de un mecanismo de supervivencia que les permite desarrollarse. Pienso que el constructo de que los niños son "malos" y que manipulan... nos impide estar realmente accesibles a ellos, dificultando el saber sus particularidades y saber que les pasa. Desde aquí las respuestas siempre van a ser herradas.
Me encanto tu articulo.
Carolina Gonzalez E.
Psicologa
Diplomada en Apego

Betzabe dijo...

Hoy mi hijo de 4 años se negaba rotundamente a salir de la casa, la invitacion no era nada tentadora: Debia acompañarme a la consulta del odontologo, no tenia con quien dejarlo, una hermana nos iba a llevar y se iba a quedar con el en la sala de espera mientras me atendian a mi, desde temprano le fui explicando lo que ibamos a hacer por la tarde, le puse el almuerzo a las 11:45am para que comiera temprano y no tener que salir apurados,ni vestirlo apurada, pero con todo esto igual mi hijo se puso a llorar, no queria caminar y yo practicamente tuve que halarle de la mano para sacarlo de la casa, por el camino le iba diciendo estas muy enojado, no quieres ir, ya lo se, yo tampoco quiero ir pero me duele un diente y el doctor necesita revisarlo, luego regresamos y veremos tu programa favorito, es solo un rato, lo abrace y contuve porque paso de rabia a tristeza, primero me acisaba de estarme portando mal y de querer que la policia me lleve por portarme mal, a llorar desconsoladamente y pegarse a mis piernas esperando consuelo. Pues eso hice consolarle, entender que lo estaba pasando mal, y tratar de negociar para que no fuera "tan duro" el momento. Ya en el auto se calmo, y hubo un momento en que quiso abrazarme y besarme, era como una forma de hacer las paces, yo le correspondi y solo le doije yo tambien te amo!!! luego estuvo contento, vivaracho y cariñoso como siempre es, se porto excelente en la sala de espera, camino, jugo con un filtro de agua, jugo con la tia, nada de estarse quieto en la silla tieso, sino divertido y sociable. Pero con todo esto siento que aun me falta evitar ese tener que sacarlo a tirones de la casa, porque si hay tiempo es mas facil negociar y llegar a un acuerdo pero siempre hay momentos en que se te agota el tiempo. Luego me siento mal porque no puedo evitar pensar que a mi no me gustaria que me sacaran a tirones para ningun lado :-(

Emily dijo...

Mil gracias, responde con mucha acertividad a la duda que te planteé vía email hace unos días, es increíble como pequeños cambios logran grandes avances en la relación con nuestros hijos... Emily

Anónimo dijo...

Hola Louma!, aprovecho tu post para comentarte mi caso y pedir ayuda. Estoy de acuerdo con lo que expones, tengo un hijo de dos años al que he criado con muchísimo amor, respeto y paciencia. El no es berrinchudo pero ahorita está pasando por un momento difícil, nació su hermanita hace 2 meses, ahora cuando hace berrinche es porque le estoy dando de comer a la bebe o la estoy cargando. Es un arma de doble filo porque por un lado no le quiero quitar mi atención a el pero por el otro está mi chiquita que también quiero criar con apego y darle pecho. Se lo he explicado y estoy segura que lo entiende pero no lo acepta. El otro problema es que ahora el limite que tengo que marcar es que no le pegue, también se lo he explicado y sabe que está mal pero igual lo intenta. Siento que tengo que hacer algo drástico porque tengo que proteger a mi chiquita pero no se qué hacer que entre dentro de la crianza con respeto. Gracias por tu ayuda!

Anónimo dijo...

Yo estoy pasando por lo mismo ...mi peque de dos años ha sido criado con absoluto amor,atencion ,porteado ,no ha llorado prácticamente nunca,hemos colechado ...y aún así ha llegado su hermanito y,aunque hacemos lactancia en tándem..me quiere pegar a mí y a él en numerosas ocasiones...sin q jamás haya visto esa actitud en sus padres,primos,ni nadie y dándole toda la atencion posible...lo q permiten mis dos manos y toda mi alma...así q eso de que pegan porque no se les presta atencion no lo creo...simplemente en mi caso son los celos naturAles que siente todo ser humano..porque es simple.ente un sentimiento innato en los humanos, pero que unniño de dos años no sabe gestionar...

Anónimo dijo...

Que tal soy de culiacan sinaloa, me gusta mucho si pagina!, ayer me paso algo con mis hijas, toda la semana, trabajo de 9 a 5, y no puedo ir a comer con ellas, mi esposo se va a comer con mi suegra o en mi casa, ayer sali mas tarde todo el dia no la vi hasta las 9 de la noche, y llego y mi hija mas chica es mas apegada conmigo no hiso berrinche al irse y la mas grande la mayoria de las veces o no quiere venirse o me ignora y no me hace caso y tarda en hacer caso para irnos a nuestra casa, obviamente cansada la regaño pero a la vez me da tristeza porque sera eso que despues de todo el dia de no verme aparte no quiera irse conmigo y ni me saluda con ganas ni nada?, y me quedo con el remordimiento que la regañe despues de que en todo el dia no la vi..

Anónimo dijo...

Mi hijo no tiene hermanos, ni celos, ni se le pega, ni se le castiga, ni se le chilla, ni se siente mal en casa, nos tiene siempre, le queremos muchísimo. Es cuando no podemos ofrecerle lo que él quiera (cosas razonables): nos hincha a patadas y puñetazos, arañazos...
Y eso ocurre desde la formación de su "yo", lleva así casi tres años.
Comparto el artículo y el modo de enfocar la crianza, pero está un poco encasillado y las cosas son siempre más difíciles de resolver.

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