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Claudia Rodríguez Gilly: "Me sentí como una leona y rugí mucho, cuanto pude, buscando fuerza en mis entrañas"


Hoy tengo el gusto de compartir con ustedes otra preciosa historia de parto, esta vez nuestra protagonista es Claudia, una mamá venezolana a quien también conocí en Twitter, durante su segundo embarazo, y que se ha animado a mandarnos su relato, como parte de la iniciativa Estimado Obstetra.



Sin más preámbulo, les dejo la carta que Claudia ha escrito para Carmen, una maravillosa mujer que la atendió durante sus dos partos:


Hola Carmen,

Así empezaría una carta a la obstetra que acompañó el parto de mi hija y mi hijo, porque es una mujer cercana y sencilla. Es toda una doctora pero ha transgredido tu titulo porque en ella se impone su ser humana, mujer, mamífera. Desde ese ser hace realidad los partos humanizados.

De ella aprendí que se puede y debe respetar el poder de la mujer para parir y que la intervención médica debe ser paulatina, proporcional y adecuada a las circunstancias.

Desde que supe que estaba embarazada en 2004 quería tener un parto respetado, años atrás había leído un testimonio tan emotivo que me marcó. Averiguando aquí y allá llegué a una doctora de origen alemán pionera, en Venezuela, del parto vaginal, ella siguió mi embarazo hasta el octavo mes, cuando me comentó que para la fecha probable de mi parto estaría de viaje por un evento internacional y eso, entre otras cosas, me inquietó y decidí averiguar en Buen Nacer, lo conocía por ser un centro educativo para embarazadas. Allí me recomendaron a Carmen Mujica, no tenía ninguna otra referencia, pero apenas conocí a Carmen, di gracias a Dios por el evento internacional de la otra doctora, la empatía fue inmediata y no es que haya sido especialmente amable, al contrario fue todo muy natural, como de toda la vida.

Las contracciones empezaron a las 6:00 a.m. del 19 abril de 2005. Llegue a la Clínica a las 10:00 de la mañana y Alicia nació a las 2:30 de la tarde de ese mismo día. Un total de 9 horas, sólo el expulsivo duró 2 horas. De ese parto recuerdo el esfuerzo físico, el empeñó que pusimos mi hija y yo en parir. Ahora podría decir que realmente estaba en manos de Dios, estaba entregada a mi puro instinto, más que a un conocimiento razonable y concienzudo, era un querer parir, un sí se puede, juro que me sentí como una leona y rugí mucho, cuanto pude, buscando fuerza en mis entrañas.

En algún momento sentí que ya no podía más y me dije: "debo buscar fuerza más allá, fuera de aquí". Fue como un trascender y escuché a lo lejos la música del carrito de helados, una musiquita típica, que conozco muy bien desde niña, algo así como una buena noticia, una ilusión infantil, e imaginé la alegría de mi hija cuando, al crecer, reconozca al heladero y sentí a mi hija viviendo esa alegría y me quedé como pensando, soñando en eso y Carmen dijo: "Esa niña se esta moviendo y se cuando una mujer va a parir y tu vas a parir, estas pariendo".

Fue lo único que le escuché decir, había otras personas en la habitación que me alentaban, mi hermana, un facilitador de parto, pero ya no quería y no podía escuchar a nadie, también estaba mi amado esposo abrazándome y sosteniéndome porque se trataba de un parto vertical y en cuclillas, pero el estaba muy callado corazón a corazón. Carmen, tampoco habló mucho, respetando, dando lugar a mi entrega.

No olvidaremos jamás, cómo, mientras estaba entre contracción y contracción, Carmen estabas sentada recostada de la pared leyendo unos papeles con sus lentes en la punta de la nariz y por un instante se quedó como dormida, tengo esa fotografía en mi mente y pensé: "Caramba esta doctora está tranquila, ¡qué maravilla!". Por más cansada que estuviera por tanto trabajo, se quedó junto a mi, sin apurarme, respetando mis tiempos.

Apenas nació mi beba, mi esposo y yo la abrazamos y le canté una canción pemón (pueblo indígena localizado al sur de Venezuela), solía cantarle esta canción durante el embarazo, mi hija estuvo junto a mí en todo momento, nadie se la llevó a ninguna parte, mi esposo ayudó a limpiarla un poco, fue un ritual de bienvenida, enseguida estuvo pegada al pecho.

Al nacer, Alicia pesó 3.500 gramos y siendo yo considerada de pelvis estrecha, Carmen sabía que eso no es un impedimento para el parto vaginal y que al no presentarse ninguna otra circunstancia y siendo éste el deseo de la madre y la familia, el parto se presentó, sin ningún tipo de anestesia, aunque significó un importante esfuerzo de mi parte. Fue necesaria una episiotomía leve que sano pronto y sin mayor consecuencia, lo que realmente me fastidió fue que, debido al gran esfuerzo, se inflamaron las hemorroides, lo bueno es que sanaron pronto, digamos que fue un efecto colateral, preferible a una cesárea.

Mi segundo parto fue el 20 de agosto de 2010, para el momento en que escribo estas líneas, se cumplen 9 meses del nacimiento de Arturo. Nació en la semana 36, se adelantó el parto y el embarazo a diferencia del primero estuvo delicado por amenaza de aborto, recuerdo que durante ese reposo estuve acompañada por La Tribu 2.0.

Para este segundo parto estaba mejor preparada y muy dispuesta a sentir todo el proceso y así fue, viví con pasión cada contracción desde las más leves hasta las siguientes, y estaba tan emocionada sintiendo, muy plena, entregada, me sentí muy viva y humana. Las contracciones empezaron a la 1:00 de la madrugada y Arturo nació a las 4:00 de la mañana, todo en tan solo 3 horas, el expulsivo fue instantáneo, recuerdo la sensación y en seguida mi hijo estuvo pegadito a mi y a su teta. Una sonrisa estuvo congelada en mi rostro por horas, hasta que me empezaron a doler los músculos de la cara.

Confieso que, en alguna etapa del proceso, tanto Carmen como yo estábamos preocupadas, recordábamos el parto anterior con un expulsivo prolongado y al monitorear al bebé, sus palpitaciones eran más rápidas de lo normal, creo que le llaman estrés fetal y Carmen afirmó que no se podía prolongar como el anterior.

En este punto debo agradecer a Belkis la facilitadora de Buen Nacer que me acompañó en esta oportunidad. Cuanto amor recibimos de ella, en el momento preciso tuvo para mi las palabras sagradas de aliento. Me dijo: "Claudia di lo que sientes", y grité, fue como una confesión que me salió del alma: “¡Tengo miedo!”, a diferencia del primer parto, durante el expulsivo, me sentí tan vulnerable y pensé: "Esta vez no voy a poder", hasta pedí anestesia y acto seguido Arturo estaba afuera, gimiendo como un gatito, aún calentito y yo, simplemente no lo podía creer. Otra vez había experimentado el milagro de la vida. Conversando con Belkis me hizo saber que, por su experiencia acompañando partos, cuando la mujer expresa libremente y sin reproche sus emociones, en ese preciso momento, cuando parece que ya no se puede más, es ahí, cuando se produce el alumbramiento y así lo viví yo.

¿Dónde fue posible ésto? En la Policlínica Cristóbal Rojas, Caracas, Venezuela, que posee una Unidad de Parto Integral, espacio donde se brinda atención humanizada para el parto, está ubicada al lado de la estructura hospitalaria convencional (conveniente en caso de emergencias). Allí no hay aire acondicionado central y la luz es regulada. Está amoblado con objetos que pueden ser empleados por las parturientas, tales como una poltrona, pelotas suecas y bancos y además dispone de alojamiento para el grupo familiar. La sala de parto es acogedora. Hay una bañera (jacuzzi), para partos en el agua, yo la use cuando nació Alicia para relajarme, se puede llevar música y con toda libertad me acompañó mi esposo, mi hermana y facilitadoras que me apoyaron durante el proceso nacimiento del bebé y lactancia.

Mis partos vaginales y humanizados fueron posibles gracias a Dios que se hizo presente en mi voluntad de mujer mamífera, en el instinto de mis cachorritos, en el amor de mi compañero de vida, en el solidario apoyo de mi familia, en Belkis, la facilitadora de parto y en Carmen y su proyecto de vida que va más allá de haber atendido humanizadamente mis partos, la obra de Carmen es una opción de vida por transformar el mundo patriarcal.

Mi agradecimiento y mis sentimientos hacia Carmen son grandes pero mis palabras se quedan cortas al referirme a ella, así que, desde la sencillez que la caracteriza, dejemos que sea ella misma la que se presente: “Soy Carmen Mujica, una mujer que arribo a la mediana edad con un sin fin de experiencias de vida, esposa, madre, abuela, amiga, médica gineco-obstetra de profesión. Egresada de la Maternidad Concepción Palacios (1988), facilitadora de nacimiento, entrenada en la 1era. Formación de Buennacer (1998). Partera y comadrona por instinto e intuición femenina. Con disposición plena de brindar asistencia y apoyo a la familia y en especial a la mujer en el área de la salud sexual y reproductiva. Conformando un equipo multidisciplinario en Aquamater

Caracas, 20 de mayo de 2011

Claudia Rodríguez Gilly

Claudia Rodríguez Gilly, es madre de Alicia, una preciosa nena de 6 años de edad, y de Arturo, quien acaba de cumplir 9 meses. Es socióloga de profesión, y trabaja actualmente como activista de derechos humanos. Pueden plantearle todos los comentarios que quieran bajo este artículo, y también contactarla por e-mail, o Twitter.

¿Y tú? ¿Quieres contarnos tu historia de parto? ¿Tuviste un parto respetado o no?

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3 opiniones:

Héctor Izarra dijo...

Excelente, has expresado la experiencia de nuestro parto de una manera magistral. También le agradezco a Carmen. Te quiero. Héctor

Maryluz dijo...

Lindo Claudia!!!! Gracias por compartirlo para darnos fuercita a las que queremos ser mamas!!! Te atreviste a seguir tu instinto, eso es muy valiente en esta sociedad donde el miedo nos empuja a ceder a la ciencia y el dominio de otros sobre nuestro cuerpo!!! Te quiero y te admiro mucho!!!! Muchas bendiciones para ti, Hector, Alicia y Arturo!! Maryluz

Mariela dijo...

Gracias hermana por expresar lo que solo tu sentiste en aquellos 2 maravillosos días. Con ahora mis 23 semanas de Matthias, no paro de llorar al leer experiencias como estas, porque antes la veía y escuchaba desde otro ángulo... ahora me tocó el regalo de Dios más hermoso que alguien pueda experimentar... SER MAMÁ.
Mi intención fue seguir tus pasos y traer al mundo a mi bebé con la bella Carmen, pero mudarme de la capital no lo hizo posible. Lo que si hizo posible fue su recomendación al dejarme en manos de otra maravilla de persona mi Doctor y ahora amigo, Arnaldo Cogorno. Cortado con las mismas tijeras de Carmen, colegas y más que profesionales... SERES HUMANOS CONSIENTES.
Gracias una vez mas por haberme dado la oportunidad de vivir la bienvenida de Alicia. A la de Arturo no pude llegar a tiempo.
Que Dios te siga bendiciendo y sigas siendo mi guía para esto y mucho mas.
Tu hermana menor.

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