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El Síndrome de la Madre Agotada




Te levantas por la mañana con los ojos adoloridos, feliz de ver a tus hijitos, de abrazarlos, mimarlos y besarlos.

Los alistas para llevarlos al cole, o a la guardería, a casa de los abuelos o para empezar tu jornada en casa con ellos.

Te duele tanto el cuerpo... llevas tiempo sin hacer más ejercicio que llevar a tu bebé en portabebés ergonómico.

No recuerdas lo que es ir al baño sola, sin ver asomarse unos deditos, o un gritito agudo llamando "mamiiiiiiiiii, ¿qué haces? ¿dónde estááááááááás?"

Dejaste atrás tus sueños anteriores, los de la mujer que eras antes de ser mamá.




Tus experiencias te han moldeado y ahora eres otra.

Tal vez incluso hayas cambiado de profesión.

Tu misión en la vida ahora se define de otra manera. Has atravesado oscuridades y quieres compartir tu luz con aquellas personas que, inmersas en ese túnel del que a duras penas has logrado salir, aún se encuentran desesperadas.

Lo piensas cada día, pero cada día es una rueda de hámster que gira y gira...

Lavadora, tendedero, secadora, doblar, ¿planchar?, guardar, vestir, desvestir, duchar, piyama, cepillar los dientes, cocinar, servir, lavar, guardar, ¿dormir?, limpiar, quitar el polvo, organizar, correr al colegio o al trabajo, mimitos, jugar, ir al parque,  y vuelta a empezar.




¿Y dónde estás tú?

¿Dónde está la mujer con sueños y una misión que cumplir en la vida?

¿Qué parte de ti, qué regalo quieres dejar a la humanidad?




Si bien un hijo es un legado, es tu mejor maestro, tu gran amor, quizás también quieras sembrar un árbol o escribir un libro, ¿no?

¿Has encontrado tu Ikigai?

¿Cómo hacerlo si no te quedan energías ni para subirte el edredón cuando te da frío? (pero para tapar a tu hijo sí, porque en eso de ponerte tú a un lado, ya eres experta).

No te cuento estas cosas para hacerte sentir mal, ni para decirte que no des a tus hijos el lugar que necesitan y merecen, sino todo lo contrario.

Quiero que despiertes. Ser madre es un camino maravilloso, ¿pero qué mensaje, qué ejemplo le estás dando a tu hijo cuando no te cuidas, ni te nutres, ni cumples tus sueños tú?

Y está en tus manos hacerlo... (a pesar de tu rueda de hámster particular)



El otro día hablaba con una querida amiga -tiene 60 años de edad- y le pregunto cómo está, y me dice "Viviendo, Louma, viviendo." 

Y le pregunto, "¿cómo así?", y me dice, "¿Sabes? Es que acabo de darme cuenta de que ahora mi vida es mía... Cuando era nena, era de mis padres, cuando empecé el colegio,  era de mis profes también, cuando fui a la universidad, seguía siendo de otros profesores y de mis padres, me casé y era de mi esposo, tuve hijos y todo giraba en torno a ellos. Ahora que están mayores y cada uno vive su vida, por fin, por primera vez, mi vida es mía."

Y eso me dejó pensando... Yo no quiero llegar a los sesenta, como le pasó a mi amiga, sintiendo que me dejé a un lado, que AHÍ empieza mi vida. Mi vida es hoy, por eso hago lo que me llena, lo que me da la gana, lo que me hace feliz, me cuido, río, sonrío, me divierto -y eso obviamente no excluye a mi hijo, ni a una posible pareja, sino todo lo contrario, pero empezó haciendo un profundo trabajo interior-. Un trabajo que a mi amiga le ha llevado cuarenta y tantos años hacer y no sabes cuánto le agradezco haber compartido conmigo esta lección para acortar mi camino.

¿Y por dónde empiezas, entonces?

Por un cambio de mindset, un cambio de mentalidad. Tu familia es un árbol del cual tú eres el tronco -lo he dicho antes en libros, conferencias, talleres, y cursos- si el tronco se desmorona, ¿qué pasa con las ramas?

Si ese tronco tiene una mentalidad sana, si ese tronco empieza por el autocuidado, las ramas, el césped alrededor, los pajaritos, todo va a crecer y florecer.

¿Estás lista para hacer el cambio mental necesario para que todo sea diferente de ahora en adelante? ¿Para sentir que eres la mejor versión de ti misma...? Sigue leyendo aquí. 

Imágenes animadas vía Giphy
Gráfico Ikigai vía Happy Agenda

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