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Depresión posparto: Carta de una madre en retrospectiva, tras superarla


En un artículo anterior tocamos el tema de la depresión posparto de la boca de Laura Gutman, quien opina que es "una pavada", y posteriormente el entrevistador indaga más, y Laura aclara su punto de vista:


¿Por qué es una pavada? Hay gente que te está escuchando y sufrió depresión posparto y está escuchando la radio y es un medio de comunicación masiva y hay todo tipo de gente. De hecho, a mí me ha pasado muy de cerca, yo viví lo que es una depresión posparto pero bueno, si hubiera sabido que era una pavada, no le hubiera hecho caso ni me hubiera dado mala sangre…
Laura: No, discúlpame, lo que yo quiero decir es que en general, nosotros interpretamos una depresión posparto cuando el 99,99% de los casos no lo es. ¿Qué es lo que sí les pasa a las mujeres? Una distancia entre lo que les pasa interiormente y lo que ella supone que le debería pasar o lo que todos los demás decimos que le debería pasar.

Porque hay una expectativa desmesurada por lo que es la maternidad. La maternidad tiene que ser algo ideal, sin problemas, no puedes estar triste, tienes que estar bien y la mujer si siente que no está así, cree que está deprimida.
Laura: Por un lado, y por otro lado, lo que digo que es una pavada es nombrar a eso que pasa "depresión puerperal", eso es una pavada. A la mujer puérpera, obviamente que le pasan muchísimas cosas, y está muy bien que le pasen. Por ejemplo, si la mujer está desdoblada, y está fusionada con el bebé y el bebé ingresó en su propio territorio emocional y la madre ingresa en el territorio emocional del bebé, esto que me pasa, no me pasó nunca. Entonces, obvio que no voy a estar lúcida intelectualmente. No corresponde, tengo que estar lúcida emocionalmente. Que me llevo las cosas por delante, que me olvido las cosas, que no me puedo ocupar…

No, que me parece una rutina, que me siento esclava del bebé, que estoy todo el día en mi casa, que yo hasta hace poco trabajaba, tenía mi vida, y ahora todo el día presa donde un monstruito, donde me reclaman, me reclaman, me reclaman…
Laura: Bueno, pero eso es otra cosa, eso ya es depresión posparto. Son dos cosas diferentes…

¿Qué es eso?
Laura: En general lo que se mal denomina, desde mi punto de vista, la depresión puerperal, es cuando la mamá está llorando y posiblemente está muy sensible, y está bien que lo sea, porque sino estaría sensible, no podría escuchar el llamado del bebé. Si la mamá no se convierte en una mamá-bebé, ¿cómo hace para detectar lo que le pasa al bebé?

¿Pero qué pasa si esa mamá está triste y siente que su vida se ha convertido en una rutina? Que lo quiere, al chico, pero la verdad es que eso es algo insoportable, porque los días son interminables.
Pero eso es otra cosa, ya eso no es depresión.

¿Qué es eso?
Laura: Eso es pérdida de identidad. Es decir, si yo organicé la totalidad de mi vida en mi trabajo, en mi éxito, en mi estudio, en mi deporte… y donde es un lugar en el que siento que soy, porque ahí soy vista, porque soy querida, porque soy admirada, porque soy reconocida, de alguna u otra manera, si yo pierdo ese lugar y no tengo, o tengo pocos recursos emocionales para internarme justamente en mi mundo espiritual… porque eso es tener un bebé.
Si yo estoy agarrada, de lo que sea, de mi trabajo, no es verdad que yo soy mi trabajo, mi tarjeta, yo soy otra cosa pero desconozco eso que soy. Entonces  como muchísimas mujeres creemos que somos ese personaje que estamos jugando, obviamente con el bebé, no nos reconocemos en ese personaje. Entonces, ¿qué queremos? Volver a ese personaje.
Tras esta introducción extraída de una entrevista a Laura Gutman en El Exprimidor, hoy miraremos de la pluma de Karelia Espinoza Tartaret, madre venezolana de Guillermo y Bárbara. Politóloga egresada de la Universidad Central de Venezuela {mi uni también}, y residente en Barquisimeto, ciudad en la que viví durante mis años de colegio. Conocí a Karelia en Twitter, hemos conversado un par de veces acerca de la depresión posparto, y sé que su intención al hacer pública esta carta tan íntima, dulce y valiente es la de tender la mano a otras madres puérperas que puedan necesitar de apoyo, para que busquen ayuda y sepan principalmente que no están solas, y que sí se puede salir de la depresión posparto.

A continuación comparto con ustedes la emotiva carta que se ha escrito Karelia a si misma, a la Karelia que era hace aproximadamente un año atrás y agradezco su generosidad al permitirme publicarla...
Te escribo sabiendo que mis letras no te llegarán en el momento en que más las necesitas. Te escribo sabiendo que, mi carta, llegará tarde. Te escribo sabiendo que antes de leerme llorarás mucho y que no contarás con consuelo alguno. Aún así, sé que debo escribirte y que cuando te encuentres frente a esta carta la leerás, sonreirás y asentirás con la cabeza cada cosa y estarás de acuerdo en que ahora estás en el mejor momento de tu vida. 

Nadie te preparará para lo que viene, nadie. Ni tu mamá o las madres cercanas a ti tendrán el poder de descifrarte lo que se siente y lo que se sufre cuando te conviertes en madre. El embarazo es un sueño. Compras bonitas, decoración de habitaciones, reposo, antojos… Nada de eso asomará, ni un poco, la realidad de ser madre. El embarazo sólo gesta al bebé y al amor por él, amor que te ayudará a sostenerte en pie para lo que viene. 
Mi intención no es asustarte, lo que deseo es centrarte, hablar con la verdad. Quiero romper el silencio en que estamos sumidas las madres "modernas" (entre comillas), Es que en este mundo moderno, como dice Laura Gutman, a las madres nos han dejado solas. Nos ven tan fuertes, tan femeninas, tan luchadoras que así estemos casadas y contemos con el hombre estamos solísimas en una sociedad que no se detiene a mirar a las mujeres en su momento más vulnerable. La maternidad. 
No sabemos parir porque optamos por cesárea, no sabemos dar teta… a la menor complicación desistimos, lloramos, nos rendimos. Sé que así fue con Guillermo y que aún guardas culpa por eso. No sabrás nada hasta que lo vivas. Sus llantos, sus sonrisas, sus logros… No los podrás predecir ni reconocer hasta que los sientas y los vivas.


Desespera tanta incertidumbre, desespera sentirse vulnerable porque nos han enseñado a ser fuertes. Nos cuesta pedir ayuda y creemos que podemos solas. Tienes que tragarte el orgullo y volver a lo ancestral. Volver a la tribu. No temas llorar, no temas. Te van a cuidar, te van a querer, pero tienes que hablar, tienes que romper el silencio. Necesitas ayuda, lo sabes. Pídela. 
Eres una buena madre. Tu hijo es feliz. Él vive sonriendo, se parece a ti. Guillermo es pura dulzura. Abraza a todo el mundo, no distingue a quien da los abrazos, se lo da con el mismo cariño al jardinero que a su abuela… No le tiene miedo a la oscuridad, ni a la correa*. Lo estas haciendo bien, no desesperes. 
Tus paradigmas cambiarán, se moverá todo tu sistema de valores. Tu instinto ganará aunque lo (mal) aprendido quiera imponerse. Encontrarás una tribu, una muy particular. Una tribu digital de madres como tú, de madres con dudas, de madres que admiten su vulnerabilidad. De mujeres que reconocen su cuerpo, que se volvieron a enamorar de si mismas gracias a que se detuvieron a pensar en ellas mismas. 
Es que, cuando uno lo dice, parece fácil. Sabrás que superaste todo esto cuando vuelvas a amarte. Si tú no te amas no podrás querer a tus hijos. Una de las cosas que destruye, es la falta de amor propio. Creer que uno no merece ser amado ni por uno mismo. 
El camino es duro, pero Guillermo te sonreirá todos los días y te dará ánimos. Jorge estará ahí, muchas veces sin saber qué hacer, pero estará y contaras con él. Él te ama y cuando tu amor propio vuelva, lo sabrás con toda seguridad. Él es un buen padre y un buen esposo, que esta aprendiendo junto contigo. 
Pero lo más importante y lo que me llevó a escribirte, es que tengo la plena seguridad de que la depresión postparto perdió la batalla. Que eres feliz, que ya no tienes que estar medicada, que tu sonrisa es genuina… porque ayer, mi querida Karelia, te dieron el alta y hoy nos enteramos que volverás a ser madre.
* En Venezuela existe la costumbre (muy lamentable y atroz) de golpear a los niños con una correa - dando latigazos - y de amenazarlos con ello, por lo que muchos niños temen a "la correa" nada más nombrarla. Guillermo, afortunadamente, sólo conoce un uso para la correa o cinturón: el de ajustar los pantalones para que no se nos caigan.






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1 opiniones:

OR² dijo...

Hermoso, íntimo, sincero, real y sensitivo. ¡Bravo por Karelia!

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