Ya instalados en Canadá por unas semanas de vacaciones familiares, mi mamá decidió salir a pasear con nosotras una mañana, mientras mi papá se ocupaba de algunos asuntos. Llegó a la parada para tomar un bus que nos llevaría a una linda zona turística. Cuando llegó el autobus, el conductor se salió de la cabina, y se bajó del bus para subirle el cochecito de mi hermana, y que mi mamá pudiera subir más tranquilamente conmigo de la mano.
Cuando tuve a mi bebé, teniendo esa anécdota de mi infancia en mente, me dispuse a viajar en autobus dentro de Barcelona. Mejor les relato un poco mi experiencia: Sam tendría unos dos meses e iba dormidito en el capazo del Bugaboo, el chofer se detuvo en la parada, sólo que dejando un hueco de medio metro entre el borde de la acera y el escalón del bus. Yo iba sola con él, llevaba a cuestas la cartera, la pañalera y bolsas de compra, además era primera vez que salía sola con Sam. Le dí las buenas noches cordialmente al conductor y le pedí por favor que me colocara la rampa de minusválidos, porque al haberse aparcado tan lejos de la acera me era imposible subir el coche sola y con una mano. Me respondió a secas que no la pondría. Le pedí entonces que por favor me ayudara a subir el coche, porque realmente no podía (ni tenía la práctica que tengo ahora para realizar estos malabarismos), y se negó rotundamente a salirse de su cabina. En ese momento un viejito que había oído todo y me vió en apuros se acercó y me ayudó. Podrán imaginarse cuánto desée estar en Canadá en ese instante ¿no?
Al llegar a casa esa noche, me puse a leer el reglamento del Transporte Metropolitano de Barcelona. Me sentía tan indignada, para mí no era posible estar en una ciudad tan organizada, y limpia, con un sistema de transporte bastante ordenado y correcto, que fuera por otro lado tan anti-bebés. Pensé que simplemente me había tropezado con un conductor que había tenido un mal día y se encontraba de mal humor cuando abordé su vehículo. Sin embargo cuando leí en las normas de uso de TMB que según ellos "Conviene llevar doblados los cochecitos para niños cuando el metro o el autobús va lleno." me surgieron un montón de preguntas en la mente. Incluso me apetecía escribir una carta a la dirección preguntando por ejemplo:
Si una mujer viaja sola con su bebé en un cochecito, ¿cuántas manos necesita para cargar el bebé (que posiblmente está dormido y se despertará al alzarlo), sostener la pañalera, su cartera y a la vez plegar la sillita? Todo esto mientras el bus se mueve, porque nadie espera a que te acomodes ni pongas el freno de seguridad.
Y luego cuando llegue a su parada ¿Cómo espera la persona que escribió este reglamento que esta mamá con su bebé y sus bolsos aún colgados en los brazos haga para volver a desplegar el coche, colocar el bebé dentro, abrocharle el cinturón de seguridad, y a la vez bajar del autobus sin causar mayores retrasos.
Parece que no supieran que aunque muchos carritos de bebé aseguran que son de fácil apertura y plegado, aún requieren de ambas manos para operarlos, y ¿dónde colocamos al bebé mientras tanto?
¿Tan difícil es acercarse un poco más a la acera de la parada cuando ven un minusválido o una mujer con un cochechito de bebé?
¿Por qué los conductores dicen que "no está permitido" poner la rampa para un bebé, que es de uso exclusivo para personas en silla de ruedas? ¿Acaso la rampa no está ahi para usarla?
¿Quién redactó está normativa de uso del transporte público? Supongo que alguien que nació adulto, o que no tiene mujer, hijos, hermanas con sobrinos, ni ningún familiar que le relate lo complicado que es recorrer la ciudad de esta manera.
Estoy perfectamente consciente de que los conductores de autoubuses, como todos los usuarios son seres humanos, con sentimientos, dignos de respeto y consideración, y que como todo el mundo pueden haber tenido un mal día. Sin embargo ¿no sería posible darles un entrenamiento de atención al público para que fueran un poco más cordiales con los usuarios (al menos con los que son amables con ellos)?
Otro día tomé el metro mientras aún usaba el capazo, mi bebé tendría unos 4 o 5 meses como máximo. Al llegar a la estación donde tenía previsto bajarme, y habiéndome acercado en la estación anterior hasta la puerta y colocado el cochecito con las ruedas delanteras junto a la puerta, para bajar lo más rápidamente posible, no habían terminado de abrir las puertas cuando el conductor comenzó a tocar la alarma de cierre de puertas. Sólo alcancé a bajar dos de las cuatro ruedas del coche . Como podrán imaginarse, me aterré, vinieron a mi mente imágenes del vagón arrancando com Sam y yo en medio de las puertas y en medio del pánico quedaron atascadas las ruedas del Bugaboo entre el vagón y el andén. Halé con todas mis fuerzas para tratar de levantar el coche y grité por ayuda. Inmediatamente saltaron dos mujeres y un hombre a auxiliarnos, y gracias a Dios, entre todos logramos alzar el coche y bajarlo al andén. No comprendo la prisa del chofer del metro. Para algo tienen espejos retrovisores por los cuales ven todas las puertas. Sólo sé que ese día pasé un susto terrible, que no pasó a mayores consecuencias, pero no por eso fue menos desagradable.
Al final nunca envié la carta. Como muchos sabrán, las mamás siempre tenemos miles de cosas que hacer, y tratamos de hacer las más urgentes primero, dejando para luego, o usando vías alternativas para realizar las demás, como por ejemplo compartir este par de malos ratos con ustedes para desahogarme un poco...
Les invito a contarme cómo han sido sus experiencias como padres haciendo uso del transporte público. Tal vez así podamos crear un poco de consciencia al respecto, o desahogarnos; o al menos lograr una visión de cuáles son los lugares que más respetan a los bebés en cuanto a movilidad se refiere.
Foto bajo licencia Creative Commons, algunos derechos reservados, cortesía de Janesdead






























